El otoño ha traído una molesta variación al refugio del capitán, en forma de nuevos vecinos. Se diría que es un matrimonio por la dedicación con la que, taladro en mano, alguien de voz penetrante se ha dedicado a reconfigurar la casa encima de mis narices durante un par de semanas. Pero en fin, eso se acepta porque es una vez y ya está. El problema viene por los dos individuos que, si nadie lo remedia, van a compartir con la supuesta pareja las mismas paredes y sobre todo el mismo suelo, a saber: el niño y la abuela. Pocas combinaciones más mortíferas para la paz mental que la de un churumbel consentido y una vieja chillona pero sin ninguna autoridad.
Es el capitán una persona torturada por el ruido desde que le despierta el extractor del patio por la mañana. Luego, tras ocho horas sufriendo el run-run del aire/calefacción en el entorno diario de subsistencia (trabajo), llegar a la calma del hogar se convierte en un acto de vida o muerte. Los fines de semana, gracias a dios, el ruido le da un respiro y así de domingo en domingo el capitán va manteniendo la cordura. Pero eso se ha terminado. La criatura diabólica se despierta y empieza a correr, la abuela le grita para que pare sin ninguna convicción, los muebles se mueven, las cosas se golpean, hay objetos que caen, el suelo tiembla, yo abro un ojo y... la verdad sea dicha, no es manera de empezar un domingo cagándose en dios. Señora, ¿conoce usted las posibilidades de persuasión que le ofrece el sopapo? A la larga el niño lo agradecerá, créame.
Bajé a hablar con el vecino. Supuse que no sabía de que iba el tema por no tener el problema justo encima suyo, pero eso hubiera sido subestimar al viejo.
- Chaval, los he visto en directo, en la escalera -me contó-, y siento decirte que la cosa está jodida
- Yo no puedo vivir así, este es mi santuario
- ¿Has probado a subir y charlar con ellos?
- Nah, no se me da bien, cuando digo las cosas la gente se lo acaba tomando a peor
- Eso es por tu tono de voz...
- Vaya novedad, ¿qué hago, me lo cambio?
- Déjalo... oye, el cartel que había en el portal, ¿lo pusiste tú?
- Sí... "Por un futuro sin ruidos, controlen a la chiquillería"... no duró ni medio día
- Esa no es la manera, pero quizá yo pueda hacer algo
- ¿Hablaría usted con ellos?
- ¡No digas chorradas, chaval! ¿Qué somos, una ONG? Me refiero a quitar de en medio el problema...
- Vecino que nos conocemos
- ¿Qué hay de malo? Un accidente lo tiene cualquiera, no hace falta que muera nadie, con una temporadita en el hospital será suficiente
- Es un niño...
- Chaval, no te enteras de nada. Te estoy hablando de la abuela
S I N S E N T I D O S S I N C R I T E R I O
todo es mentira excepto lo que no queremos ver
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lunes, septiembre 29, 2008
viernes, agosto 22, 2008
lunes, junio 16, 2008
happy mondays
"Recalculando tiempo estimado". La puta pantallita llevaba un siglo recalculando el tiempo estimado, tanto que parecía haber sobrepasado su vida útil. Miró por encima del hombro, pero ni rastro del segurata. Para el que no se entera, el amigo musicófilo del capitán fonzollo, el lunes había empezado de la peor forma posible. De hecho venía torciéndose desde el momento en que había abierto los ojos. Sin desayunar por desabastecimiento absoluto del frigorífico, y con unos calcetines usados de varios días, le dolía la cabeza y el metro no llegaba nunca. De repente un ruido, por fin.
Entró al vagón, ocupó de pie el poco espacio libre, y notó el gélido chorro de aire acondicionado sobre su cabeza. ¿Por qué tenía que pasar frío en verano? La gente no entiende, la gente está loca. Aquello empezó a moverse. Al principio, el que no se entera adoraba los nuevos vagones: modernos, silenciosos, con su cabina transparente y sus cientos de lucecitas, pero ahora los odiaba por esa maldita luz fluorescente que torturaba sus ojos legañosos por las mañanas. El era un hombre-vampiro, un animal de penumbra. La vieja de al lado no paraba de darle golpecitos con el bolso, y los músculos del cuello se le tensaban por momentos. El trayecto hasta la estación central se hizo eterno. Al llegar, se adelantó dispuesto a salir el primero. Apertura. Al otro lado, un muro infranqueable de cuerpos ocupaba todo el ancho de la puerta. Sobre ellos, cabezas de pasmarote mirándole inmóviles. Pensó: "¿Qué queréis, que salga volando?". Los había jóvenes, viejos, blancas y negros. La mala educación no entiende de sexo, de edad ni de inmigración. Después de un momento de tensa espera, el que no se entera dio un pasó decidido al frente intentando hacerse lo más ancho posible, y pegó un buen empujón al menos a cuatro de los que le impedían el paso. El más bajito casi rueda por el suelo. Escuchó una serie de "¡eehhhhs!" y "¡halaaaaas!" tras de sí, y por primera vez aquella mañana perdió los nervios: "¿Y POR DONDE OSTIAS QUEREIS QUE SALGA, PANDILLA DE GILIPOLLAS?". Silencio.
El que no se entera dio media vuelta y echó a correr, porque renfe cuando llega a tiempo nunca espera. En la escalera mecánica, dos universitarias con claros signos de obesidad hablaban animadamente una al lado de la otra, ocupando todo el espacio con sus enormes culos. Decidió que esa mañana se iba a inflar a dar empujones... Al llegar arriba, giró apresuradamente la esquina y casi se cae al tropezar con un perro bastante fiero que empezó a ladrar dentro de su bozal. Al otro lado de la cuerda había un empleado de la compañía de transporte, fatídica maquinita en ristre. Intentó ignorarlo pero era demasiado tarde. "¿Me permites el billete?". Las gordinflonas no pudieron evitar una sonrisita asquerosa cuando pasaron a su lado y le vieron la cara.
Entró al vagón, ocupó de pie el poco espacio libre, y notó el gélido chorro de aire acondicionado sobre su cabeza. ¿Por qué tenía que pasar frío en verano? La gente no entiende, la gente está loca. Aquello empezó a moverse. Al principio, el que no se entera adoraba los nuevos vagones: modernos, silenciosos, con su cabina transparente y sus cientos de lucecitas, pero ahora los odiaba por esa maldita luz fluorescente que torturaba sus ojos legañosos por las mañanas. El era un hombre-vampiro, un animal de penumbra. La vieja de al lado no paraba de darle golpecitos con el bolso, y los músculos del cuello se le tensaban por momentos. El trayecto hasta la estación central se hizo eterno. Al llegar, se adelantó dispuesto a salir el primero. Apertura. Al otro lado, un muro infranqueable de cuerpos ocupaba todo el ancho de la puerta. Sobre ellos, cabezas de pasmarote mirándole inmóviles. Pensó: "¿Qué queréis, que salga volando?". Los había jóvenes, viejos, blancas y negros. La mala educación no entiende de sexo, de edad ni de inmigración. Después de un momento de tensa espera, el que no se entera dio un pasó decidido al frente intentando hacerse lo más ancho posible, y pegó un buen empujón al menos a cuatro de los que le impedían el paso. El más bajito casi rueda por el suelo. Escuchó una serie de "¡eehhhhs!" y "¡halaaaaas!" tras de sí, y por primera vez aquella mañana perdió los nervios: "¿Y POR DONDE OSTIAS QUEREIS QUE SALGA, PANDILLA DE GILIPOLLAS?". Silencio.
El que no se entera dio media vuelta y echó a correr, porque renfe cuando llega a tiempo nunca espera. En la escalera mecánica, dos universitarias con claros signos de obesidad hablaban animadamente una al lado de la otra, ocupando todo el espacio con sus enormes culos. Decidió que esa mañana se iba a inflar a dar empujones... Al llegar arriba, giró apresuradamente la esquina y casi se cae al tropezar con un perro bastante fiero que empezó a ladrar dentro de su bozal. Al otro lado de la cuerda había un empleado de la compañía de transporte, fatídica maquinita en ristre. Intentó ignorarlo pero era demasiado tarde. "¿Me permites el billete?". Las gordinflonas no pudieron evitar una sonrisita asquerosa cuando pasaron a su lado y le vieron la cara.
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el que no se entera
martes, abril 08, 2008
a la mañana siguiente...
una pantalla azul, un reboot y ya está... pffffffffffffff
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lunes, abril 07, 2008
el apagón digital
"su copia de windows dejará de funcionar en 1 hora"... esto de navegar por el caribe de la informática es un cúmulo de sobresaltos, pues tan pronto te dan las gracias por activar tu producto como te lanzan ultimatums de tres al cuarto que, la verdad, cortan bastante el rollo... ¿acaso creen que uno puede desordenar su vida en 1 hora? ¿desarchivarse, desripearse, desdigitalizarse, desinfectarse de esta prolongación de nuestro ser que es el ordenador personal? "con el mac no te pasaría...", dirán los pesados de turno, "¿y por qué no te quedas con xp?", añadirán los otros... ¡¡y una mierda!! yo soy feliz de pirata barbavista, con mis ventanas semitransparentes y mi encantadora lentitud, y a los del mac sólo les puedo decir... ¡¡vendidos!! el verdadero hijo de la generación cibernética tiene que sufrir con la tecnología, igual que sufrió con el spectrum y con los floppys de cinco un cuarto, con las pantallas de color verde y las impresoras de papel contínuo... además, el sistema operativo original ya os lo cobran en los tres mil millones de euros que vale el aparatito, por ese precio me compro siete de estos y pongo uno hasta en el retrete... "su copia de windows dejará de funcionar en 30 minutos"... ostia tú, que la cosa va en serio... mira que lleva días avisando, fríamente descontando las jornadas que quedan hasta la amputación, pero claro tú te ríes y piensas "a papá mono con plátanos de goma", y te bajas un crack, y lo pones y te dice "successful", y piensas lo machote que eres, que son muchos años por estas cálidas aguas, con cien cañones por banda, y entonces ¡zas! otra vez el puto aviso... ¿pero sabéis que os digo? que mi barco mola y la verdad es que ante la inminencia del naufragio estoy sereno en la resignación, dispuesto a hundirme con la mano en el pecho entonando el asturias patria querida mientras se me va mojando la pata de palo y el loro revolotea alrededor de mi cabeza, graznando histérico "¡¡capi-tán, capi-táaaaaaaaan!!"... "su copia de windows dejará de funcionar en menos de 1 minuto"... en fin, que muero con la cabeza bien alta maldiciendo al rey de inglaterra y a bill gates, que tanto monta... ¡nos veremos en el infierno malditooooooossss! globs... globbbbbs... bgl-bgl-bgl
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