S I N S E N T I D O S S I N C R I T E R I O

todo es mentira excepto lo que no queremos ver

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jueves, julio 24, 2008

¿qué os pensábais?

Desde hace semanas se multiplican en los diarios las noticias referentes a la crisis inmobiliaria y sus efectos devastadores en la economía familiar de los españoles. Como observador semi-indiferente de la actualidad, me resisto a malgastar mi escaso juicio en cosas que no tienen remedio, pero este tema consigue sublevarme tanto los nervios que a continuación expongo mi interpretación de los hechos. Se oyen a babor y estribor proclamas que culpabilizan, en ningún orden particular, a los bancos, las inmobiliarias, y los gobiernos presentes y pasados. Todos ellos, parece ser, han tenido motivos para fomentar una escalada de construcción y precios que para cualquier persona con un poco de sentido común era insostenible, con el fin claro está de beneficiarse política y económicamente, según corresponda (o ambas, que ya nos conocemos). Yo sin embargo creo que, para empezar, la santa institución bancaria no debería ser objeto de acusaciones de culpabilidad, por ser sobradamente conocido su viejo modelo de negocio consistente en cobrarnos a nosotros por prestarles dinero a ellos, dinero con el cual hacer de usureros autorizados y lucrarse en exclusiva con la rentabilidad obtenida. Luego, se crea una fundación para patrocinar el arte y desgravar un poco y todos contentos. Lo suyo sí que es arte. Al inventor de semejante camelo habría que canonizarlo, aunque algo me dice que eso ya ha ocurrido. En cuanto a las inmobiliarias, esos hongos que crecen allí donde huele a mierda, es simplemente repugnante que pretendan ahora ser rescatados por el sector público (yo y todos los que cotizamos) cuando durante años se han dedicado a engordar sus barrigas y dárselas de listos mientras contaban el botín del robo y lo ponían a buen recaudo en algún lugar del que ahora nadie dice nada. Pero la culpa tampoco es suya. Respecto a los gobiernos azules o rojos, realmente nunca los he distinguido mucho en materia económica (en lo neo-liberal soy más bien daltónico), así que les libraremos por esta vez también a ellos del dardo crítico, para dirigirlo hacia el auténtico culpable de eso que llaman "la burbuja inmobiliaria": el comprador. Cuantas veces, charlando delante de una cerveza, ha surgido la famosa discusión de "comprar es mejor que alquilar". Claro, claro, y tú eres un genio. Tú te endeudas hasta las cejas, comprometes tu futuro y quizá el de los que te sobrevivan, para comprar algo que, ladrillo sobre ladrillo, no vale ni la décima parte de lo que tú estás desembolsando. Es más, estás tan reconfortado en la idea de que "su precio se multiplicará en pocos años" que, para obtener el dinero que financie tus húmedos sueños de plusvalía, te lanzas en brazos del mayor perforador de culos de la historia universal, el banco. Cada uno tiene lo que se merece. Lo único que estás haciendo es contribuír a que el precio siga subiendo y empujar al siguiente comprador un pasito más cerca del precipicio, pero ten en cuenta que como vais todos agarrados de la manita, el primero que pise en falso os llevará con él para abajo. Toda la teoría está muy bien si tienes varios pisos para especular y ningún tipo de ética social, pero si no, lechoncillo, es una zanahoria que nunca vas a poder morder porque obtener el beneficio significa endeudarse para comprar tu siguiente vivienda que, sorpresa sorpresa, es más cara todavía. Me recuerda esas cartas que recibe la gente en los pueblos, regalándoles un "fantástico" reloj a condición de correr con unos gastos de envío misteriosamente elevados. Lo triste es que muchos pican. Con la vivienda ocurre lo mismo. El precio es irreal y la misma casa no para de aumentar su precio, pero a muchos esto les parece normal. Cada vez que subo al pueblo, más y más bloques de cemento me impiden la visión del pirineo, pero el censo sigue diciendo que somos ocho mil almas, ¿realmente hay alguien que considere sostenible esta situación?. Obviamente sí, lo cual constituye una inquietante demostración de nivel cultural en "la octava economía del mundo". Por favor, me da la risa. Imaginemos que entro en un concesionario de coches, por ejemplo, a preguntar el precio del modelo X que tanto me gusta. "Cuatro millones", responde el vendedor, y yo educadamente me retiro a pensar. Al cabo de un año de sacrificios por fin me puedo permitir el modelo X, y cuando vuelvo ilusionado al mismo concesionario con la única duda de si lo quiero rojo o gris perla, descubro sorprendido que el precio se ha disparado hasta los seis millones. No se conocen en la europa unificada índices semejantes de inflación, pero yo, convencido de las bondades del vehículo, decido endeudarme y comprarlo. Cuando vuelvo a casa, mi mujer me corre a gorrazos y los niños se ríen del imbécil de su padre. ¿Por qué comprar algo que ha multiplicado su precio sin motivo?. Alguien me dirá aquello de que "los coches pierden valor y los pisos no...". Pues bueno amiguitos, eso se ha terminado.

lunes, julio 21, 2008

voll-damm, el mercedes de las cervezas



resaca festivalera = foto chorras

viernes, julio 18, 2008

oh prédateurs tentacoulaires...!!

Méritos

El pulpo tiene alojados en su cabeza tres corazones, dos de los cuales bombean sangre a las branquias y el tercero al resto del cuerpo. Cada tentáculo se maneja separadamente, gracias a un pequeño cerebrín que depende del principal. El tercer tentáculo es en realidad un órgano copulador que se introduce en la hembra y libera los espermatóforos. De todo lo anterior se deduce que el pene de un pulpo tiene su propio cerebro. El macho abandona a la hembra justo después de la fecundación. La hembra cuida de los huevos fecundados por un periodo aproximado de un mes, tiempo durante el cual se niega a comer. Al nacer los pulpitos, la madre muere por inanición. Los pulpos aprenden observando, por ejemplo para mimetizarse con formas de animales inofensivos y no ser detectados por su presa. Este conocimiento lo adquieren por sí solos, ya que nunca llegan a convivir con sus padres por los motivos ya explicados.

Consecuencias

Golpear el pulpo con saña contra una superficie dura, para ablandar nervio y carne. Cocerlo en una olla, preferentemente de cobre, introduciendo y sacando el animal varias veces del agua hirviendo con el objetivo de que no suelte la piel. Servir cortado a rodajas sobre un lecho de patata hervida, aliñado con sal gorda, aceite de oliva y pimentón.



jueves, julio 17, 2008

summercase 2008


Bobby Gillespie: "sus vais a enterar..."

the furs

Qué cojonazos los míos para colgar la crítica de un concierto que lleva un mes difuminándose en mi recuerdo. Psychedelic Furs tocaron en una sala bikini a la que se accedía de modo intergaláctico por un revirado tunel de cemento. No frecuento, pero me comentaron que las obras duran ya un año. Tres cuartos de entrada y bastante arruga entre artistas y público para un concierto de rock por su sitio. Haciendo un poco de historia diré que los furs fueron grupo de referencia en la nueva ola de principios de los ochenta, para luego difuminarse en la inevitable y algodonosa neblina del sonido sobreproducido y ultrasintetizado que asesinó aquella década tres o cuatro años después de su comienzo (a día de hoy sigue siendo la década más corta de la historia, lo sé, la viví y realmente se hizo muy corta). El grupo se presentó con formación clásica voz-guitarra-bajo-batería-teclado y un muy ochentoso saxofonista (Mars Williams) que enseguida dejó claro a qué venía con una intro crepuscular que nos puso como motos: venía a jugar al rasca y gana con nuestra médula espinal, así que si alguna vez os cruzáis con él estad avisados. Al mando, Richard Butler con su voz afónica característica y de bastante buen rollo, lanzándose a por ese pedazo de repertorio del que disponen con tan sólo recurrir a sus dos primeros discos, Psychedelic Furs (1980) y Talk Talk Talk (1981). Empezaron con Into you like a train y a partir de ahí fueron cayendo las perlas: Imitation of Christ, Pretty in pink, Dumb Waiters, Sister Europe, I wanna sleep with you, India... Sonaron oscuros pero accesibles, consistentes, despiertos, anclados no en el pasado sino en su autenticidad, que viene a no ser lo mismo. Incluso el sonido de temas de su epoca más comercial como The Ghost In You se contagió de la aspereza necesaria para expandir la gama de negros sin ser lastre para nada. Ninguna queja con la potencia de la batería, y luego Mr Williams abrasando cada canción con su marciana interpretación de hasta donde se puede llenar el sonido de un grupo de rock con un saxo sin hacerse empalagoso, e incluso eclipsar la guitarra por registro, rasgado, ruido, rabia y todas las erres que se me ocurran. Si me oyera el que no se entera me pegaría una colleja, pero si oyera a los furs en directo se le iluminarían los ojillos. Por cierto, recuerdos.


chiquilladas

Cuando me quise dar cuenta las dos ruedas ya estaban en el aire, y volaba. Le había dado demasiado fuerte a los pedales por miedo a quedarme corto, y el exceso de velocidad me había catapultado hacia la rampa. Mi suerte dependía ahora de su ángulo de inclinación, longitud e irregularidades, todos ellos factores fuera de mi control. Nada más despegar me asusté, y apreté con fuerza los frenos sin acordarme de que algunas cosas se vuelven inservibles al perder el contacto con el suelo. Pero el salto era bueno y gané altura, aunque no controlaba el destino de mi vuelo. En un breve instante de ingravidez se me pasaron por la cabeza recuerdos de pantalones rotos, rodillas ensangrentadas y orgullos heridos, recuerdos de hierros torcidos y de las muchas bicicletas que hubo que tirar cuando ya no había por donde soldarlas. Pero mi furia y yo queríamos volar, y lo que pasara hasta conseguirlo era tan sólo el trámite insoportable de la impaciencia. Sintiendo el aire en la cara, me agarré lo más fuerte que pude a las manetas de goma, y junté las piernas para intentar colocar el peso alrededor de la barra central. Pareciera que los segundos se eternizaran en lo inevitable de la fuerza ascendente. Cuando sentí que volaba cerré los ojos, elevándome con ganas ciegas hacia el sueño de no aterrizar.

en el cuartel abandonado...


...comprobando que por donde pasa el ejército español, sí vuelve a crecer la hierba (y las paredes hablan)


martes, julio 15, 2008

ser o no ser



listo o listillo, tonto o tontorrón, viejo o maduro, grande o gradullón, entero o enterado, cabreado o cabrón, gracioso o agraciado, calimero o cascarón, primero o primerizo, segundo o segundón, informado o engañado, pata negra o jamón york, digno o indignado, asustado o cagón, guiri culto o culturista, taxista o buen conductor, somnoliento o ensoñado, contable o inventor, presupuesto o predispuesto, policía o embaucador, empanado o rebozado, kas naranja o kas limón, sobreexpuesto o subexpuesto, blanco y negro o color, entrañable o navideño, polvo rico o polvorón, enfermo o paciente, insufrible o sufridor, consonante o asonante, techno-pop o rock'n'roll, afeitado o rasurado, aceituna o boquerón, fonzollo o gayumbo, capitán o merinero, arrumbado o sin rumbo, catalán o madrileño

jueves, julio 10, 2008

la ciencia del sueño

¿Qué son esas luces? Atraen mi cabeza con una fuerza varias veces mayor a la de su peso, por lo que me cuesta aguantarla vertical. Puedo leer mis pensamientos en un libro de neón. "Clonc". Mierda, le he dado. Aturdido, me froto la frente con los dedos, pero mi mano es gigante y me asusto... ¡y chillo!. Silencio, me están mirando. Mis compañeros me escrutan con sus ojos ignorantes, pero esta no es la primera vez. Pongo cara de circunstancias y devuelvo la mirada a la pantalla del ordenador, llena de cifras y gráficos que no me interesan. ¿Por qué aceptaría este trabajo?. Lo sé perfectamente, quería saber de qué hablaba ese gusanillo que me insistió en venir a esta ciudad. Ya no recuerdo bien si lo vi en sueños o despierto, quizá mientras comía una manzana, pero no importa. Hay aspectos de mi vida que sólo puedo entender con trozos de explicación que voy encontrando en los sueños. Quizá tenía que pasar por aquí para encontrarme con otras gentes también fuera de su lugar.

En cualquier caso estoy mirando la pantalla. La búsqueda me ha devuelto 24.664 registros, todos con códigos parecidos, en letra tahoma azul sobre fondo blanco. El enorme listado ocupa páginas y páginas que voy recorriendo con la rueda del ratón. Hay simetría en el ordenamiento de las columnas, como en una vista aérea de mi ciudad cuadriculada. Espera un momento. Hay un registro con caracteres extraños, que no parece estar del todo bien. La letra es de otro color, más anaranjado y... ¡palpita!. Me froto los ojos, o eso creo. Veo como la calidez de su tono se expande a borbotones por el listado. Al mezclarse con los registros azules, el color precipita y crea chorros verdosos que caen, como hilos cortados, sobre el lienzo brillante de la pantalla. Al llegar abajo, desbordan y derraman sobre la mesa, avanzando hacia mi mano. El extraño halo de color comienza a crear una forma sobre mi palma abierta, que luego se va pareciendo a una extraña clase de fruta. La acerco a mi boca y muerdo. Es gelatinosa, con un sabor que me recuerda al picor del agua marina. Algo se está moviendo ahora en la pantalla: las líneas rectas se están deformando, se deshacen las intersecciones, se crean nuevas conexiones, se rellenan los espacios, trazando curvas y tirando arcos hacia un punto de fuga. Me acerco a mirar y la nueva asimetría me atrae, con una fuerza varias veces superior a mi curiosidad. ¿Qué llevará esa fruta que he probado? A la derecha, la busco con la mirada pero mi mano se ha vuelto a convertir en manaza. Me asusto. Chillo justo en el momento de golpear mi cabeza contra la pantalla y cruzar de vuelta el umbral del sueño, recibido por un coro de miradas preocupadas.


Inspirado por "La science des rêves", de Michel Gondry (2006)

martes, julio 08, 2008

con la música a otra parte

Cuando entró por última vez en el pequeño cuarto de estar sintió que se le retorcía la boca del estómago. El suelo estaba vacío, con distintas tonalidades allí donde habían estado los escasos muebles, y sus pasos resonaban ahora con el eco triste de los lugares que justo pierden la vida. Un viejo cuadro con el marco raído y una foto suya de hacía algunos años era el único objeto que había decidido no arrojar a la basura. Tampoco lo llevaría consigo. Por alguna extraña razón ese cuadro lo quiso dejar ahí, en la pared que daba al pasillo, con su retrato en blanco y negro mirando de reojo hacia la puerta. El que no se entera, el amigo musicófilo del capitán fonzollo, respiró entrecortadamente y unos lagrimones enormes comenzaron a resbalarle por las mejillas, cayendo al suelo delante de sus pies. Hacía mucho calor, pero él sólo notaba el escalofrío de los recuerdos escapándose por la ventana. Se acercó al balcón y observó el patio que tantas veces le había proporcionado entretenimiento, con sus docenas de terrazas, tendedores y persianas. Pensó en cómo los otros vecinos, desde todas esas ventanas, habrían visto su casa. ¿Qué aspecto tendría por fuera? ¿Se vería tan destartalada como las demás? Probablemente sí. Nada que ver, pensó, con lo apañada que él la había dejado por dentro a lo largo de estos años. "Las apariencias engañan". Le resultaba curiosa, en el momento de la despedida, la irónica simetría entre lo que había sido su hogar y el desbarajuste que inundaba su cabeza. "Las apariencias engañan", volvió a repetir para sus adentros, dando media vuelta y cruzando la casa en unos pocos pasos. Salió cerrando la puerta tras de sí, casi sin desviar la mirada.

miércoles, julio 02, 2008

díselo al sol

borra los rastros de nube
con el vuelo exacto de tus gestos
sube lo más alto que puedas
sin extrañarte de ver el mundo a tus pies
dile al sol que hoy es tuyo
y del rastro dorado de tu cabello
gira sin pasar por un mismo punto
jugando con las sombras de tu cuerpo
traza el perfil de la luz en el aire
y riega los campos con el viento
de tus brazos que dibujan ligeros
las formas que adoptará el tiempo
codifica tu mensaje en destellos de amanecer
dirige el reflejo hacia un lugar secreto
regala a las flores promesas de atardecer
y esculpe en el cielo un recuerdo perfecto

martes, julio 01, 2008

armaggedon

Se sabe que no es un día normal cuando el sol aparece antes de hora por el sitio equivocado. A las siete de la mañana la temperatura es infernal, y la ciudad se despierta asfixiada en la ignorancia de lo que se avecina. Mientras la luz va ganando en intensidad, comienzan a combustionar espontáneamente los carteles de se vende piso, a prender fuego los contenedores, y las cacas de perro derretidas forman putrefactos riachuelos que corren paseo de gracia abajo. A media mañana, el cielo está cambiando de color cada pocos minutos. Las palomas caen muertas en pleno vuelo, inundando las fuentes de plumas negruzcas. Atruena el sonido de la cope por las esquinas del eixample, al dispararse de manera incontrolable el volumen de las radios en los taxis. A los taxistas se les funde el cerebro y comienzan a conducir bien, ante el estupor de la ciudadanía. Al alcanzar los cincuenta grados el desconcierto es ya total. Los animales han escapado del zoo y arrasan la ciutat vella, atacando a los turistas que se cruzan en su camino. Las ambulancias atropellan a los peatones, por intentar llegar demasiado rápido a los avisos de infarto. Las abuelitas observan aterrorizadas desde sus ventanas, santiguándose y mirando al cielo, mientras éste les niega sus plegarias degradándose lentamente del rojo apocalíptico al negro abismal. Es mediodía. Corren rumores de que la clase política ha perecido intentando escapar por las alcantarillas, devorada por cucarachas del tamaño de elefantes. El calor está fundiendo ahora los cristales de los edificios. El líquido ardiente cae a chorretones sobre las personas que corren desconcertadas por las calles, en una macabra alegoría medieval. Las peores horas de la tarde aguardan, ya sólo los tontos tienen esperanzas de sobrevivir. El mar ha comenzado a hervir y se funden los cimientos de la barceloneta. Cientos de edificios comienzan a derrumbarse. A los guardias urbanos les estalla la cabeza cuando intentan multar a los conductores que no respetan los límites de velocidad por huír del asfalto que se derrite a su paso. La piedra de las construcciones más emblemáticas se está deformando hasta adoptar nuevas e inquietantes formas. La catedral parece una lanza, la sagrada familia un tridente, el camp nou un caldero ardiente. En pedralbes, los jardines se han teñido de rojo por la hierba quemada y la sangre de los insectos achicharrados. En los bloques de oficinas los termostatos de aire acondicionado, previamente programados, intentan compensar el aumento de la temperatura con chorros de aire aún más gélidos si cabe. Los oficinistas mueren congelados en bloques de hielo grisáceos, para inmediatamente derretirse por el efecto ya imparable del calor sobre las estructuras de aluminio. A las ocho en punto de la tarde comienza a amainar el fragor infernal. La estación de sants luce enormes socavones en gran parte de su estructura. Justo en ese momento hace su entrada en la vía nueve el ave procedente de madrid, dos minutos sobre el horario previsto. Los pasajeros se dirigen raudos a las ventanillas para reclamar su devolución, pero sólo encuentran el anuncio de huelga del personal de renfe, en carteles deformados con las esquinas chamuscadas.

viernes, junio 20, 2008

Преступление и наказание

La primavera, esa novia caprichosa, ha encontrado por fin el puto vestido azul. Ha sido a última hora y después de mucho lloriquear, pero lo importante es que le queda estupendo. Me he me metido con ella bastante, lo reconozco, porque ya tengo aprendida la manera de sacar lo mejor que lleva dentro. Con sólo empezar a quejarme, la muy discutidora se pone a rebatir rabiosa, y me planta en las narices las pruebas de mi eterna equivocación. Las acepto con gusto. Me encanta darle la razón aunque ella nunca lo haga cuando yo la tengo, porque la quiero. Sin primavera no hay principio. Las cosas empiezan en primavera, y luego ya en verano tirarán hacia donde les lleve la ola de calor. Bon voyage. Por el crimen de haberme soportado a mí mismo durante esta primavera, me otorgo el castigo de dos semanas de vacaciones. Espero haberlo merecido.

jueves, junio 19, 2008

reivindicando a bon scott

antes de que sea adoptado por el batallón de los modernos (you never know...)

miércoles, junio 18, 2008

barrio

El capitán fonzollo vive en un barrio que es como todos los barrios, con la única peculiaridad de que en este vive él. El capitán interactúa con las personas que comparten su parada de metro, buscando igual que ellos ese calorcito que les haga sentir que están en un pueblo, cuando no lo están. Para eso están los pueblos. Esto me hace recordar la cantidad de pueblos abandonados que hay en este país, pero eso es otra historia.

Desde el antiguo mercado distintos gremios de comerciantes jalonan el camino hasta casa. Cuando llega el verano, el capitán gusta de entrar en la frutería de la esquina porque el género es mejor que en el súper, aunque la dependienta no le tira ni media onda. ¡Qué exasperantes son los vendedores que no se implican!. "¿Por qué es usted tan fría, señora, si me encantan sus melones?". Después viene el colmadito de Rajib. Parece que sus planes de emigrar a la patria de la libertad duradera peligran igual que el títere yanqui que gobierna su país, pero mejor no pregunto porque sé que le duele y yo a Rajib desde la distancia ideológica le tengo aprecio. También me he quitado el pin de la estrella roja, porque noté que ya no me ayudaba a meter las cosas en la bolsa.

La ronda de recados no está completa sin una visita a la ferretería. El local es de aquellos antiguos con grandes cajoneras de madera cubriendo la pared. Sus dos dependientes, que se me antojan hermanos, son ese tipo de señores maduros, educados hasta rozar la cursilería, que siempre te llaman de usted y dicen "servidor" cuando devuelven el cambio. No importa que uno les haya tuteado durante años, ignorando el ancla que les mantiene en su burbuja de otra década: ellos siempre sonreirán si el cliente sonríe, o se mostrarán contrariados cuando no tengan la tuerca que necesitas. Con gran diferencia, son los favoritos del capitán. Hay un pescatero gay que parece majo pero del que, debido a la muy carnívora dieta fonzollista, faltan referencias.

Justo antes de subir a casa, el capitán hace un último recado, el más inútil y a la vez más importante: echar la primitiva. La lotera es una cincuentona con cara de alcachofa de esas que lucen una mueca que no es sonrisa ni tampoco lo contrario. Cuando le pagas no te da las gracias, te dice "valeeee", que es lo que yo decía de niño cuando me daba vergüenza decir "gracias". Se tiñe con tinte barato, y por supuesto jamás me tocan ni los reintegros. Intuyo un marido vago tumbado el fin de semana viendo fútbol. ¿Qué intuirá ella del capitán? Porque el barrio es inmutable pero yo me siento un poco distinto cada día.


lunes, junio 16, 2008

cambios salvajes de humor

Otro lunes más. Qué sueño. ¿El cielo? No lo sabe ni él. Tengo sal en los labios, regalo del mar en tu piel. Hay calor en las paredes y sólo me enfría el agua de la ducha. La camiseta me la pongo del revés y voy enseñando las costuras, mis costuras. En la calle el aire me envuelve con el húmedo olor de la incertidumbre. No hay manera de encontrar esa canción que tanto necesito, de las pocas que canto pensando sólo en mí. Mis ojos se ocultan para evitar cualquier tipo de interacción. Esquivo personas, mientras resuenan palabras contradictorias en mi cabeza y se me olvida esquivar. Perdón. Después, vacío en el tiempo. Estoy inconsciente y la vida se escapa por la ventana. ¿El cielo? Saturado de azul. A veces leo historias y recuerdo lo que pasará y sonrío mientras va cambiando el color del cristal con el que pienso. A mediodía cumplo obligaciones con mi cuerpo. El cielo cada vez se parece más a mí. La tarde es una farsa, el lento suplicio de la inactividad. ¿Qué hago yo aquí?. De vez en cuando escribo, pero generalmente me puede la certeza de mis dudas. De repente, el reloj se para y me convence de no darle más vueltas. Hay que salir. Mis pasos se apresuran y a medida que oscurece noto más fuertemente las ondas de tu presencia cruzando el aire hasta mí. Se me emociona el ansia. Se me hace imposible entender el idioma en que está escrito el futuro.

happy mondays

"Recalculando tiempo estimado". La puta pantallita llevaba un siglo recalculando el tiempo estimado, tanto que parecía haber sobrepasado su vida útil. Miró por encima del hombro, pero ni rastro del segurata. Para el que no se entera, el amigo musicófilo del capitán fonzollo, el lunes había empezado de la peor forma posible. De hecho venía torciéndose desde el momento en que había abierto los ojos. Sin desayunar por desabastecimiento absoluto del frigorífico, y con unos calcetines usados de varios días, le dolía la cabeza y el metro no llegaba nunca. De repente un ruido, por fin.

Entró al vagón, ocupó de pie el poco espacio libre, y notó el gélido chorro de aire acondicionado sobre su cabeza. ¿Por qué tenía que pasar frío en verano? La gente no entiende, la gente está loca. Aquello empezó a moverse. Al principio, el que no se entera adoraba los nuevos vagones: modernos, silenciosos, con su cabina transparente y sus cientos de lucecitas, pero ahora los odiaba por esa maldita luz fluorescente que torturaba sus ojos legañosos por las mañanas. El era un hombre-vampiro, un animal de penumbra. La vieja de al lado no paraba de darle golpecitos con el bolso, y los músculos del cuello se le tensaban por momentos. El trayecto hasta la estación central se hizo eterno. Al llegar, se adelantó dispuesto a salir el primero. Apertura. Al otro lado, un muro infranqueable de cuerpos ocupaba todo el ancho de la puerta. Sobre ellos, cabezas de pasmarote mirándole inmóviles. Pensó: "¿Qué queréis, que salga volando?". Los había jóvenes, viejos, blancas y negros. La mala educación no entiende de sexo, de edad ni de inmigración. Después de un momento de tensa espera, el que no se entera dio un pasó decidido al frente intentando hacerse lo más ancho posible, y pegó un buen empujón al menos a cuatro de los que le impedían el paso. El más bajito casi rueda por el suelo. Escuchó una serie de "¡eehhhhs!" y "¡halaaaaas!" tras de sí, y por primera vez aquella mañana perdió los nervios: "¿Y POR DONDE OSTIAS QUEREIS QUE SALGA, PANDILLA DE GILIPOLLAS?". Silencio.

El que no se entera dio media vuelta y echó a correr, porque renfe cuando llega a tiempo nunca espera. En la escalera mecánica, dos universitarias con claros signos de obesidad hablaban animadamente una al lado de la otra, ocupando todo el espacio con sus enormes culos. Decidió que esa mañana se iba a inflar a dar empujones... Al llegar arriba, giró apresuradamente la esquina y casi se cae al tropezar con un perro bastante fiero que empezó a ladrar dentro de su bozal. Al otro lado de la cuerda había un empleado de la compañía de transporte, fatídica maquinita en ristre. Intentó ignorarlo pero era demasiado tarde. "¿Me permites el billete?". Las gordinflonas no pudieron evitar una sonrisita asquerosa cuando pasaron a su lado y le vieron la cara.

martes, junio 10, 2008

el comodín de la llamada

Hoy he invocado a Greta porque necesito una sacudida mental en condiciones. La muy petarda ha declinado mi petición por un conflicto de horarios con la peluquería, y he tenido que aceptar lo irrebatible de su jerarquía de prioridades. Me he conformado pues con una charla rapidita en la que se me ha olvidado contarle la mitad de los detalles de mi empanada mental. No le han hecho falta. Ella posee algún tipo de sensor en la entrepierna que le indica cuando un hombre está desorientado, alucinado, condenado, eufórico o incluso en estado de muerte cerebral. Greta no entendería el plano del metro en un millón de años, pero es una experta en laberintos y me ha dado algunos consejos prácticos: "Mira encanto, ante todo cuida mucho de tus seres queridos porque son los únicos que ya han aceptado lo tonto que puedes llegar a ser. No comas demasiada verdura, te mata la chispa y te hace aburrido. Ni se te ocurra interpretar: la vida suele ser tan literal como aparenta, y si algo no te queda claro pon música y baila. Llama a las cosas por su nombre. Recuerda, capitán querido, que siempre has tenido muy mala cabeza pero bastante buen juicio. No ahogues tus sensaciones pero evita que prendan en tu impaciencia, que ya nos conocemos. No presupongas la buena fé de las personas, ni la tuya tampoco. No subestimes la curiosidad de un hombre. Nunca dejes de estimular la de una mujer. Y sobre todo, cariño, no me llames los martes porque estoy liadísima..."

miércoles, junio 04, 2008

el nombre del hijo

El vetusto reloj pareció temblar por un momento antes de que el carrillón comenzara a enumerar con parsimonia las cinco de la tarde. El sol de junio caía en picado sobre la fachada, colándose a través de los agujeros de la persiana de madera y proyectándose enfrente, sobre la pared del salón, en forma de cientos de puntos de luz irregularmente distribuídos. Sentado en el sofá, el vecino sujetaba una copa de brandy con la mirada perdida más allá de la penumbra que le rodeaba. Estaba sólo. Su mujer llevaba una semana cuidando de un familiar muy mayor, y al viejo se le acumulaban las horas de la tarde entre recuerdos vidriosos, alcohol y tabaco cubano.

No entendía muy bien el motivo de tanta melancolía, pero estaba claro que su cabeza le quería jugar una mala pasada. Alguien de su experiencia, con cincuenta años de servicio en el KGB, supuestamente no podía tener este tipo de recaídas, debilidades de la memoria, y saberlo le hacía sentirse aún más recluído y quisquilloso. Ser consciente de su propia vulnerabilidad le molestaba sobremanera. ¿De qué valía plantearse ahora la validez de toda una vida dedicada a una idea? ¿De qué valía haber sacrificado el futuro, que era ya un presente irrevocable, por una lucha de dudosa legitimidad? ¿Por qué sentía que había dejado de cumplir su mayor objetivo como persona? Pensó en su mujer, calladamente aceptando una vida insuficiente por amor a él, y pensó en qué sucedería cuando ellos mismos necesitaran de alguien que agarrara su mano hasta el final: estarían sólos en el momento más triste. En el último tramo de la vida, el viejo se sentía incompleto y no podía hacer nada por remediarlo. Había un nombre impronunciable que sólo existía en su arrepentimiento.

Fue a beber pero en la copa ya no había suficiente para un trago. Se levantó y se acercó al armario para servirse, cuando sonó el timbre. "Bah", pensó mientras negaba con la cabeza cualquier posibilidad de molestarse en abrir. El timbre duplicó el intento, y entre negaciones cabizbajas el viejo se arregló la camiseta y salió al pasillo. Abrió la puerta sin enceder la luz del recibidor, para que el inoportuno visitante no se asustara de su aspecto, pero en el rellano no había nadie. Sacó la cabeza y miró a ambos lados, desierto. Extrañado, cerró y volvió al salón. Mientras cogía la botella echó un ojo por la rendija de la persiana, y observó una pareja de jóvenes saliendo del portal y cruzando la calle hacia abajo, cogidos de la mano. Los veía de espaldas, pero la chica le pareció muy bonita, y al otro granuja lo reconoció al instante. Algo de ese instinto paternal frustrado le encogió el pecho con una mezcla de pena y orgullo.

"Parece que no todo va mal al mismo tiempo", pensó mientras se regalaba un prolongado trago de brandy.

martes, junio 03, 2008

festivaling

Tenía la intención de relatar las aventuras festivaleras del fin de semana (primavera sound), pero como sólo acudí el viernes y además mi estado se fue deteriorando rápidamente a partir de la media noche, no me veo con autoridad suficiente para relatar lo que, musicalmente hablando, sucedió en el fórum. Momentazos hubo unos cuantos, pero estoy un poco egoista y me los guardo para mí solito. En lugar de eso quería reflexionar sobre la pérdida de lugares emblemáticos para este tipo de eventos en barcelona. Pero antes, las cosas positivas: el fórum es, malos olores aparte, un lugar bastante apañado para acoger festivales de música, por varias razones: amplitud, ausencia de vecinos, distancia entre escenarios, vistas al mar, proximidad del transporte público... en el auditori tiene un recinto cerrado donde albergar las propuestas menos estruendosas, y aquí paz y después gloria. Por todo ello su uso se está generalizando, y durante este verano habrá unas cuantas noches en las que especies nocturnas de diverso pelaje coincidirán en sus explanadas de cemento. Dicho lo cual... es precisamente la homogeneización del espacio lo que está convirtiendo en rutina la práctica festivalera. Tampoco voy a defender ahora el poble espanyol como la meca de nada, pero era la diferencia, no la calidad intrínseca, lo que hacía de aquel entorno el santo y seña del primavera sound. ¿En qué otro lugar habrían de pasar quince mil personas, una a una, por una puerta de uno por dos para ver a los pixies? Para bien o para mal el sónar se mantiene en el cccb, lo que le sigue dando algo de encanto a pesar del aluvión guiri en que se han empeñado en convertirlo. Los conciertos del BAM sonaban como el culo en la estación de francia pero cuando mirabas al techo pensabas "joder, que sitio más guapo". Distintos lugares, distintos rituales para llegar, distintos bares en los que continuar después... El problema del primavera sound o daydream o weekend dance o summercase o BAM o etc etc es que no sé en cúal de ellos estoy, de no ser por el color y material de mi pulsera. Hablo por mis ocho años de residencia, pero estoy seguro de que para los oriundos esta lista de comparaciones se podría extender bastante. Por no hablar de precios o de la falta de espacios cerrados para conciertos de tamaño medio, pero eso ya es otra historia. Por supuesto no voy a proponer ninguna solución, porque además de que no se me ocurre nada, el propósito de este post era hacer pura demagogia. Nos vemos en el fórum.